martes, octubre 11, 2005

Gente Pendeja

Sí, hay un chingo. Los que hacen pendejadas y los pendejos decididos, de nacimiento pues. Pendejos grandotes y pendejos chiquitos, tal vez estos sean los más cagantes, o tal vez sean más cagantes las pendejas, porque les late su papel de mujer y te amenazan más chido, esperando a que te reviente algún órgano por aguantarte la muina. Pero... son gente pendeja... no hay tanto problema. Y como son gente pendeja son olvidables, a la pura excepción de un rato de solaz, recordando pues sus pendejadas; pero no hay nada peor que los pendejos amenazantes y lo siguiente es un ejemplo de cómo hay pendejos que pueden recordarse por sus acciones.

Esta historia me la platicó mi amigo Jonás Tomás (así se llama el güey, tampoco se rían) y le pasó hace unos días, cuando venía de dejar a su novia. El pedo fue así, el buen amigo acababa de dejar en la puerta de su casa a su noviecita-mano-sudada y no pronto acababa de darle el besito en la trompa y ella en cerrar la puerta, escuchó atrás de él que una voz femenina decía una sarta de recriminaciones a su pareja, el cual sonaba mortificado. He aquí el relato de J. T. (suena mejor ¿no? porque suena más gringo ¿no? Pendejos)

J.T. La voz de la tipa comenzó a sonar como con eco, a güevo que yo no iba a voltear, porque nada es más cagante que un pendejo que se le queda viendo a uno cuando lo putea su vieja. Pero bueno mai, seguí caminando, me hice pendejo, pero hasta alcé la jeta para ver si escuchaba algo, porque el güey susurraba como diciendo: aguanta, culera, no seas así. Y la vieja: cabrón esto. BLABLABLA... ya sabes, lo que hacen las viejas. Me metí al estanquillo de la esquina a comprar un cigarro pero no vendían sueltos y pos me compré unos delincuentes que era para lo que me alcanzaba. Bueno, la vieja seguía: BLABLABLABLA, pero ahora con la voz medio quebrada, hasta que amainó el gritadero-reclamo. No mames, pinches Deliqueers, sabían gachos, me cae que antes no eran así, muchos estamos de acuerdo en eso y mira que...

E.P. Ya pendejo, mejor dime qué pasó con los putos esos.

J.T. Ah sí, sí... medio volteé como si estuviera buscando a alguien, y estaban dentro de un carro, un Renault jodidito... sí, ehh, pues me pude, ¿cómo se llama? Ahh...o sea me asomé, pero es que no mames, era como, es que me tenía que agachar ¿ves? para darme color, porque, es que... no sé, de repente como que me daba y no, así de frente y por...

E.P. Oye cabrón, habla bien, para la otra te grabo, nomás de oirte estoy mareado, habla como persona o no hables.

J.T. Es que me pongo nervioso, porque lo que pasó después... no mames... la neta, raro, feo, así de culero. Bueno, me asomaba lo más que podía porque el sol me daba de frente, y pude ver que la vieja no estaba tan mal.. bueno eso fue lo primerito que ví. El güey se mortificó más pero hablaba quedito, se puso como nervioso y le dijo a la vieja un poco en voz alta, pues alcancé a escucharlo... cabrón si me le pegué al Renaultcito ese, por la parte de atrás... ellos estaban metidísimos en su pedo que pude haberme parado enfrente de ellos y ni en cuenta. Bueno pues.. ¿qué te decía?

E.P. Coño ya me estás quitando el tiempo, jeje.

J. T. No, ya me acordé, es que se me fué. Pues bueno, el güey le dijo un poco más claro: es que eres una pendeja, por tu culpa hago eso. Y la vieja se encabronó más y le dijo que ella había dado todo y él nada a fin de cuentas y un chingo de cosas más... pero no mames, el güey como que buscaba algo y se ponía muy nervioso, y la vieja seguía encima del pobre diablo: Tú eres el que siempre comienza, tú tienes la culpa de que yo me ponga así, BLABLABLA... lo usual. El güey sudaba, ¡yo lo vi! y como que no aguantaba... no podía contenerse, creí que le iba a poner un madrazo, pero nomás veía cómo se movía, todo raro, bajó la cabeza, creí que buscaba algo en la guantera.. no sé... la vieja nomás apretaba en las chingaderas que le gritaba al güey... me atreví a asomarme un poco, y veía a ese cabrón sudando con movimientos ya repetitivos, y la vieja le dijo que se iba a bajar del carro, que no podía estar con alguien tan pendejo como él... uta y ahí si escuché clarito al cabrón, aunque como que susurraba las cosas; levantó la cabeza, nomás le veía la greña de la frente sudad y con la laca que se puso toda grasosa y con los ojos castradísimos: ¿Pendejo? ¡Pendeja tú, culera! que tengo que estarte aguantando, que me digas que soy esto y lo otro... ¡bájate! Ándale, quiero que una vez en tu vida me la cumplas, puta, bájate del pinche coche pendeja, quiero que te quedes en esta puta colonia de pandilleros tú sola, no me amenaces pendeja y bájate, ¡déjame! no eres lo único que hay.. haaay...aaaayyyy!!!! pendeeejaaa... ¡¡¡aahhh!!! ¡¡aaaahhh!!!

E.P.¿ ¿Qué te pasa güey?? Arrímate pa´llá, ¡¿qué pedo traes!?

J.T. No te saques de onda, así hizo el güey ¿quieres saber por qué? Quiero chillar nomás de acordarme caún...

E.P. ¿Pues qué güey qué dijo o que hizo?

J.T. El puto empezó a gritar, yo nomás pelé los ojos y el güey como que se convulsionó y un chorro como de leche brincó... ¡¡¡puta madre el pendejo se la estaba chaqueteando!!!! Le salpicó su leche a la vieja y entonces ella sí se salió del coche, yo todavía espantado, vi cómo salía de mi lado y medio se detuvo a verme, pero siguió corriendo, toda roja, espantada... no captaba yo, y el güey sacó un gritote de Godzila desde adentro del coche y no mames, de pendejo me quedo, también salí corriendo, corrí como una cuadra, fui a parar a una tortillería y me asomé, el güey había arrancado ya el carro y la vieja se veía a lo lejos en una cabina telefónica, que estaba casi frente a mí, el güey agarró por el retorno y cuando pasó precisamente entre ella en la cabina y yo en la tortillería, ella le gritó emputada: ¡Nada más así terminas, con insultos! y ese güey le mentó la madre: piipipipipiiiii...

La historia de Jonás ahí terminó. El güey se puso muy gráfico, cuando me mostró cómo se venía el tipo ese del Renault y le dije que tenía que chambear unas cosas, que lo dejábamos para otro día... de todas formas me contó su historia que ardía en ganas de contarme. Jonás salió sorprendido de haber relatado todo eso, cerré la puerta y lo dejé con sus medias palabras y tartamudeos. Esa historia no tuvo sentido, al menos no lo tuvo el que me la contara, a lo mejor quería decirme por qué me la contaba, lo único que pensé fue eso, que la gente pendeja es pendeja aquí y en China, en este caso, amenazan al prójimo y la forma en que uno puede librarse de esas personas pendejas es con otro pendejada mayor. A lo mejor eso hizo el Jonás, me contó una pendejada para que me lo quitara con una pendejada mayor, porque no tenia chamba que hacer, solo venir aquí y difundir la pendejez y esperar a que los pendejos la lean. Y que conste que no es amenaza.

2 comentarios:

Poeta del ocio dijo...

Que historias tan feas escribes maestro, deberías leer a Octavio Paz

El Polux dijo...

Y tú deberías leer el diario de tu puta madre, pendejo.